jueves, 27 de noviembre de 2014

Gone.

El tiempo se va esfumando a medida que progresan sin perdón los días. Las últimas cartas ya fueron entregadas. Los pocos recuerdos ya han sido olvidados. El reloj fue arrojado por el acantilado, ya que el tiempo dejó de tener poder en vida.  El cuaderno en el que la historia estaba plasmada, ardió lentamente en las llamas de la hoguera, al igual que mi mente ante el colapso mental que me hizo escapar de la ciudad; esa ciudad de sueños, ideas y recuerdos rotos que me llevó al borde.


Nadie se hizo presente. 
Busqué abrazos y encontré espaldas.
Supliqué compañía y me vi insultado. 
Imploré por una salida y fui tachado de iluso y patético. 

Estuve en el borde cómo nunca antes lo había estado. Caí sin piedad y, esta vez, me vi hecho imperfectos pedazos en el suelo; una mezcla no poco más que triste y deplorable entre tristezas reprimidas e ideas vacías. Estuve ahí, llamando a los que solía llamar "míos" y ninguno atendió; burlas, risas, insultos y humillación fue lo que encontré cuando lo hicieron.

Y por todo aquello, partí.
Partí lejos de aquella ciudad de sueños rotos.
Partí buscando una manera de volver a mí cómo siempre debí buscarla; solo.
Partí  porqué la mejor manera de contra-atacar es retirándose y diseñando una estrategia.
Partí porqué me cansé de ser agobiado por fantasmas, porqué creía tener cielo para contra-restar el infierno mental que lentamente me acababa.
Partí, porqué la luz que una vez fui se apagó y nadie lo notó, porqué brillaba tan poco que a nadie le importó.
Partí, porqué necesitaba encenderme, volver a ser el brillo cegador que iluminaba de vida toda habitación. 

Partí, me fui, huí, escapé. 
Pero volveré.

Fuerte, vivo, capaz.
Grande, estable, vivaz.
Risueño, animal, fugaz.

Partí, porque me dije a mí mismo que "Después de hoy, nunca más". Nunca más volvería a buscar, ni a esperar, a atar. Nunca más volvería a aquellos lugares que resuenan en el abismo de mis recuerdos, por más que quiera y anhele ir allá. Nunca más volvería a ser ciego ante la vida, ante el universo.

Que tus miedos fluyan a través de la corriente, debes entender que el amor una vez perdido no lo está realmente, tarde o temprano renacerá en la forma de un nuevo amor, finito o infinito. 

Para ser uno con la vida, debes desligarte de esa culpa terrenal, de ese amor terrestre que te bloquea y limita. No puedes cambiar las cosas, ni el pasado, ni el presente, ni el futuro que esta escrito ya. Deja ir lo que te bloquea, lo que te nubla, lo que te limita, lo que amas.

Partí, me fui, huí, escapé.
Partí, a nadie le importó. 
Partí, lleno de dolor.
Partí, me fui.
Partí, pero volveré.
Volveré, pero prometo que nunca más seré aquello que solía ser.



lunes, 24 de noviembre de 2014

sábado, 22 de noviembre de 2014

Poema sin nombre.

Las estelas dejaron de brillar, los faroles se fueron consumiendo, la música se volvió desafinada, el cielo comenzó a quebrarse.

El poder, terminó en debilidad. 
El dulce, amargo.
El placer, angustia.
La risa, llanto.

La luna se burla de mí al caminar. Pregunta y me recuerda amores de antaño que me acabaron hace años; me restriega lo falsa que era esa esperanza que tanto juraba tener. La muy hija de puta caminaba a mí lado sólo para disminuir mi paso y desencadenar el llanto. "Nada, absolutamente nada" decía en mí oído. Y, la verdad, yo le creía. 


Las palabras, estupideces.
Las verdades, mentiras.
Las realidades, falsedades.

Llegué a esta ciudad, buscando un escape de mi vida y demonios pasados. Errores, fantasmas y batallas antiguas que me consumieron hasta el limbo entre cuerpo-alma, secretos que fui confiando a personas que juraron quedarse, traumas, temores, pesadillas, todo revoloteando al rededor de mi cabeza. Estaba en la cúspide de la decadencia mental, en el fondo de la moral humana, en el limbo entre la vida y la muerte, en la frontera entre la cordura y la locura.

En medio de eso, me repetía, 
"las mejores personas están locas"
Tratando de imitar y creer en el sombrerero.
Pero al final
Nada queda una vez añejo
La cordura, enloquece
La locura, se convierte de nuevo en cordura.

Dime quién eres tú, para pintar las constelaciones formadas por las estrellas. Dime, por favor, quién eres que no te conozco y le das vueltas sin parar a mí cabeza. Dime, qué necesitas que haga para conocerte. Dime, qué tengo que hacer para por fin comprenderte. 

Por ti, lo qué quieras. Aún sin conocer tu nombre, aún cuando desconozco tu presente, tu pasado, tu futuro e incluso quién eres, si me lo pides, ahí lo tienes. Para ti, noches de alocada pasión dibujada con palabras o cuerpos, lo que tu picardía llegue a querer.

Dime, sin rodeos, qué debería hacer para olvidarte.
Dime, explicitamente, qué debería hacer para sacarte.
Dime, ya de afán, quién eres que no te conozco y no puedo dejar de pensarte.




viernes, 21 de noviembre de 2014

The things we do just to stay alive
The things we do just to keep ourselves alive.



jueves, 20 de noviembre de 2014

Número 8, Ava.

Valeria Aboultaif Vargas (Ava), luz de vida y amor.






Creo que vos mereces más espacio que cualquier otra persona aquí, en el despojo, pues este blog nació por y gracias a ti. Este blog es más tuyo que mío. Podría decir que mis versos y palabras, así sean para otras personas, tienen un toque de vos; vos, me volviste letrado. La magia de las letras surgió en mí en el primer momento que te vi. Mis primeros textos. Mis primeros amores retratados en palabras dirigidas a ti. Puedo decir, sin dudarlo, que vos has sido la mujer que más me ha marcado a lo largo de mi tiempo en esta ciudad de sueños rotos. Contigo, por vos y en vos, descubrí la magia del amor, el poder de las palabras, el sentimiento puro y sincero, el corazón latiente que tenía ahí, llenándose de telarañas y polvo por lo inútil que estaba. 

Recuerdo que la primera vez que te vi, aquel caluroso 14 de Mayo; día en que conocí, sentí y vi lo que era la luz. Un suceso extraordinario, sin duda, para alguien que toda su vida había vivido atrapado en la penumbra. Recuerdo que aquella luz tenía nombre, aún siento como sus delicados dedos mi mundo cambiaron al acariciar mi rostro por primera vez. Fue ese mismo día que por fin conocí algo que antes había buscado ya, pero nunca por más desespero y gritos que lanzará había logrado encontrar. Con vos, el amor. Para vos, el cielo.

Prometo ser cuidadoso con mis palabras, porqué sé que hay secretos, detalles y recuerdos que deben permanecer en silencio, entre los dos; una pequeña confidencialidad, una pequeña complicidad. Te puedo prometer cuidado, pero no te voy a prometer omitir ni callar nada; seré cuidadoso  en cuánto y cómo digo, pero no en lo que diré. Permiteme empezar, diciendo, que sos un pedacito de cielo aquí, en este infierno; sos un pequeño salvavidas aquí, para este naufrago. Sos de las luces más radiantes, así estés marcada cómo la número ocho; sobra decirte que brillas más que varias otras, porque sabes qué lo haces, sabes qué iluminas. 

Hemos pasado por tanto, aunque el tiempo no haga honor a ello. Dos años casi, pero esto no significa nada ni representa nada de lo durante él ha pasado. Desde amores que juraban ser eterno, hasta ridículos actos con alcohol y humo en las venas, hasta odios, intentos, peleas, familias, secretos, escapes, búsquedas, lágrimas, lamentos, personas. Cuánto en tampoco ¿Eh? Y aún falta mucho por contar, de hecho, permiteme rememorar. Temores. Salidas. Mc Donald's. Primeros. BK. Cariños. Desvelos. Estados Unidos. Tiempo. Nostalgia. Peleas. No's y personas en medio. Luchas. Lágrimas. Cumpleaños. Alegría. Meses. Amor. Compromiso. Entrega. Discusiones. Reconciliaciones. Final. Lágrimas. Cigarrillos. Trago. "Final". Regreso. Búsqueda. Hablar. Fiesta. Descontrol. La Toma. Libreta. 23 de Diciembre. Luz de vuelta. Bogotá. Cartagena. Distancia. Tiempo. Medellín. Regreso. Complicaciones. Amores. Meses. Intentos...

Y quedo corto.

Ahí no está resumida ni la mitad de la décima parte de nuestra historia. Una historia escrita en papel arrugado, en noches eternas, en caminatas protectoras, en desvelos de honestidad. En odios infundidos por daños causados; odios sin sentido ni razón, dices tú. Faltaría un libro entero para poder plasmarla. Sí, algún día lo haré. Escribiré ahí, nuestra historia, lo que vivimos, antes, ahora y después. Sería un éxito. Yo lo compraría, al menos. 

Me desvio bastante. Escribirte es difícil. Mi mente trabaja en exceso cuando te escribo. Me bloqueo. Muchas ideas, palabras, pensamientos, sentimientos y sensaciones buscando salir a ocupar su lugar aquí, todas a la vez. Eso, quizá, sería lo complicado de escribir un libro de nosotros. No tendría claro cómo empezar, ni cómo hacer el nudo, ni mucho menos el desenlace. Hay historias que siguen a lo largo de los años y nuestra historia con puntos aparte, finales, comas y pausas, ha seguido; quizás no cómo a veces quiera, pero ha seguido.. 

El tiempo cobra factura. Y no somos los mismos de antes. Tú has aprendido a ver la vida con una mayor gama de colores y, yo, la he reducido, me he ido apagando, he perdido el toque, la magia, el sabor. Cosas, momentos y personas, me han apagado, me han adelantado lo expirado. El tiempo ha pasado y ya ambos hemos sentido el sabor de otras personas, otras luces, otros horizontes. Pero, no te voy a negar que deseo volver ahí, antes de todo eso. Antes de perder la magia, antes de perder el color. Es inútil, me dicen, nada volvería a ser igual; pero, sin importar, intentarlo nunca está de más.

 Vos, eres más que calma para cualquier tormenta. Eres recuerdo en medio de este olvido. Eres ancla en medio de este turbulento mar. Eres sabor en medio de esta insipidez. Eres luz en esta oscuridad. Eres refugio en el cual callar. Eres amor cuando mis ojos ceden cansados de llorar. Eres juventud para recordar que esto no es vejez. Eres tiempo para rescatarme de las garras de un pasado tan lejano que solo tú conoces. Eres, cielo para este pequeño infierno que hoy, aquí, te da las gracias por aquello, y más, mucho más.






A veces, me gustaría escribir y mostrarte lo bien que se lee decir que sos mía, pero me prometí hace tiempo no volver a decir mentiras y no lo eres. No voy a mentir, menos ahora, a este punto; muchas veces, desearía poder decir que lo eres. Al día de hoy, no voy a negar, ese pensamiento sigue latiendo, a veces fuerte, a veces lento, en mi mente. No te puedo negar, menos ahora que me puse sincero, lamento como acabaron las cosas entre nosotros; al día de hoy, aún duele y le da vueltas a mi mente. Prometí, juré e intenté tantas cosas, todas a la vez y, al final, acabé explotando, acabamos colapsando por mí; la historia de amor de la que tanto te hablaba, terminada prematuramente por y gracias a mí. La herida aún escuece. El sabor de ese 23 de Diciembre aún plasma sonrisas en mi rostro. Llámalo estupidez, terquedad, ceguera, incomprensión, amor, idiotez, ahí tienes muchos sinónimos de la misma palabra para que escojas cual utilizar conmigo. 

Hay cosas que no tienen explicación alguna entre los dos, lo sabes. Esa necesidad de volver a mí cuando trato de alejarme sin hacer ruido ni daño, nunca más, pero tampoco dejemos de lado mi necesidad de volver a ti cuando intentas hacer lo mismo. Esa necesidad de cortar cualquier discusión para no acabar mal con el otro; aunque, es muy divertido pelear con vos, lo admito (Y sigo soñando con el día en que pueda ganarte) 

Eres Yt, Ava, Valeria, Luz. Eres la ternura re-encarnada en 1.55 metros de altura. Gafufa. Hipster. Fotos. Eres la música que cantas con pasión (Y desafine). Eres la danza que tanto disfrutas. Eres la energía en medio de la noche. Eres un pequeño fragor en medio del silencio. Eres la vida que vives, muestras, respiras, disfrutas. Eres más de lo que entiendes para mí. Eres más de lo que ves en mí. Haces más presencia de lo que ves en los momentos en los que mi mente se lanza al vació tratando de buscar una salida rápida e inequívoca a todo, en aquellos momentos dónde me encierro en mí intentando ahogarme lentamente.

¿Cómo no agradecerte sí has estado en mí más veces de las que yo mismo he estado? ¿Cómo no escribirte cuándo aquí, adentro, latente, estás vos sonando con las palabras y regaños con los que tanto buscas hacerme reaccionar? (Y lo logras, siempre lo logras) 

Ava fue, es y será, la representación de la estabilidad, la esperanza y el amor en mí. Pasados los meses, pasados lo años, hay verdades que no cambian aunque la turbia tempestad que es el tiempo intente cambiarlos. Ava, despojo del pensamiento, sigue siendo de ti. 

Desearía hacer más que esto. Siento que puedo seguir escribiendo sin cesar y que, aún así, nada va a expresar lo mucho que te agradezco por estar ahí, ni tampoco a la vida, por ponerte en mí camino. Te lo dije una vez, lo sabes. No creo en la vida, ni el destino, ni en dioses; pero sí creo que hay lazos que una vez forjados, ya no se pueden borrar. Gracias, por fin. Después de todo lo dicho aquí; gracias. 

Sobran las palabras de cariño, todo aquí está bien explícito e implícito en lo necesario. Ava, gracias, a ti, por existir, por vivir, por brillar, por estar junto a mí. 



Sos un pedacito de cielo para mí ¿Sabías?
Y lo agradezco.

martes, 18 de noviembre de 2014

Número 6, Arcoiris.

María Alejandra Cabrera Rojas (Arcoiris), luz intermitente de antaño.




No quiero hablar de ti. No, no es que no quiera hablar de ti; no quiero hablar de nuestra historia. No quiero volver al pasado, porqué me da miedo volver y no querer salir de él. Pero, debo escribirte, siento que debo; Despojo del pensamiento, al fin y al cabo, se volvió lo que fue y es, gracias a ti. 


No quiero recordarte con lágrimas en los ojos, aunque, debo decir que en este momento es inevitable para mí no hacerlo. Todo se viene de golpe mientras escribo esto para vos y sólo para vos. Los recuerdos, las promesas, lo que faltó y terminó por un motivo; era tiempo, me sigo diciendo. Pero, no te voy a negar que se me quiebran las palabras mientras redacto y redacto; no tengo claro que quiero decir aquí, pero sé que hay algo que debo decir, sea cómo sea.

Mientras estoy aquí, escribiendo estas patéticas líneas, escucho cada canción de antaño.

Mi mente no piensa claramente. Mis ojos no escuchan. Mi boca no ve. Mis oídos no prueban. Todo se pinta color lapislázuli difuso. Los colores, se pierden. La música, se esfuma. Los sabores, se agrían. Los días, se olvidan. El olvido, arde. El ardor, me consume. 

Quizás no supe aceptar el final de todo. Quizás, aún no me acostumbro a la idea de verte con otras personas. Quizás, muy adentro, no lo haga nunca. No busco sonar patético, pero he pasado muchos años de mi vida engañándome a mi mismo y pretendiendo ignorar realidades que siempre han estado frente a mis ojos cómo para a este punto, seguir nublando mis verdades con putrefacta ignorancia. Quizás y nunca me acostumbraré a nada de eso. Soy buen actor, y, ten por seguro que haré mi mayor papel para que nunca notes nada. Engañarme a mí mismo, fingir, sí; es, quizás, lo mejor.

Tenía que escribirte porqué, fuese como fuese, vos me ayudaste a ser quién soy ahora. Me enseñaste a ver la magia en la música. En las estrellas. En las palabras. En el 'te quiero' dado con un beso para dar los buenos días. En la espera de 8 días para que fuese viernes. En los besos. Las caricias. Me hiciste, creo, volver a ver la magia en la vida misma. Antes de vos, me estaba apagando, estaba ardiendo, estaba desencadenando un infierno en vida. 

Chapoleras. Dulcinea. Manga. Pasaje. Papas. Grasa. Porquerías. Poblado. Tirarse. Pereza. Lomas. NASA. Transmisiones. Música. Amanecidas. Enfermedad. Esperanza. Lágrimas. Sueños. Dolores. Amores. Reconciliaciones. Golpes. Tragos. Palabras. Realidades. Humo. Drogas. Vacío. Desolado. Patético. Solo.

No quiero rememorar los momentos que nos quebraron a ambos. Fuimos un pequeño e infinito caos que intentaba ser estable, pero, finalmente, explotó. Pasará aún más tiempo, los días seguirán convirtiéndose en semanas, las semanas en meses, los meses en años. El tiempo seguirá pasando sin perdón ni pero's y vos conocerás a otras personas, al igual que yo. Quizás ya lo estemos haciendo, quizás no. Nada es seguro. Conocerás personas mejores y volverás a amar, al igual que yo. Amarás y te entregarás, una vez más. Pronto, distante, tarde, temprano, en algún instante llegará el momento, persona y lugar. Estarás bien, aunque sé que no tengo que decírtelo y sé que en algún momento yo también lo estaré.

Puede, sí, que te extrañe un poco de vez en cuando, no quiero ser deshonesto ni omitir nada, esta será la última vez que te molestaré con mis agrias palabras, lo prometo; te extraño de a ratos, sí. La mañana me sigue sabiendo a dolor de cabeza, aunque hay días en que no es porque me recuerde que soy mortal ni normal, sino porque me recuerda a vos. No voy a decir que te voy a sacar de ese lugar, porqué nada ni nadie lo logrará; te hiciste tu puesto ahí y aquí, y, eso no se puede ni se va a cambiar sin importar qué.

No voy a ir contra la marea del tiempo, nunca más. Es tiempo de que siga mi camino, al igual que vos te hiciste y te harás el tuyo. Estarás, quizás, mejor sin mí. Eres inmensa y brillante. Poderosa. Imponente. Yo, yo soy pequeño. Sólo te refreno. Sólo te refrené. Libera tus alas. Vuelva. Sé grande. Vive. Conoce. Recorre el mundo. Pero, pase lo que pase, no le niegues al mundo el deleite de verte en vuelo. Hay personas que, cerca o lejos, observamos atontados tu vuelo. Serás grande y poderosa, aún más de lo que ya eres.

Esta, es mi última entrada y escrito a vos. Esta, es mi despedida a una pequeña etapa y parte de mi vida. Esta, es la última vez que vas a leer algo así en el Despojo.  Esta, es mi última cara para ti.



Te amo, siempre.


Lights will guide you from now, I promise.



Número 5, Dan.

Daniela Lopera (Dan), luz constante que lleva encendida desde hace varios años.




Sobran las explicaciones con respecto a esta canción, pues reúne todo lo que te he dicho a lo largo de los años. Las caídas. Los golpes. Los llantos. Las muertes. Las perdidas. Las frustraciones. Las mentiras. Las falsedades. Los engaños. Las verdades. Los dolores. Las perdidas. Todo está ahí: amistad, odio, enemistad, reunión. 

Los fantasmas también existen en el día, que no los veas, no significa que no estén ahí. 

Si quisiera escribir un libro con la historia de ambos, no sabría por dónde empezar. Todo es tan difuso, tan extraño, tan poco claro, que mi mente no aclara los recuerdos; todo se va mezclando, desde aquella época de amor ciego a aquella de amistad incondicional, para luego ir a la destrucción que cause en ti, que cause en nosotros. Nunca he sido estable. Siempre he dudado de todo y de todos a mi alrededor, lo has visto, lo has sufrido, lo siento, lo lamento. 

Cómo dije antes, soy tóxico. Puedo hacer brillar todo a mi alrededor, pero también puedo oscurecerlo y destruirlo todo. Puedo acabar con la vida de lo que se me atraviese. Puedo apagar la llama de alegría más fulgorosa existente. Puedo hacer arder el ártico. Puedo convertir el mismo infierno en cielo. Puedo darle alas a todos para volar, pero también puedo arrancarle las plumas a aquellos que ya las tienen, todo para dejarlos caer. Puedo, quiero, debo, tengo, siento, duelo, vuelo. 
Grito, intento, cierto, cimiento, decrépito, desquito, confinamiento.

Más de una vez e intentado comprender tu pensar. He intentado ver porqué vos insistes en seguir en mi vida sin importar cuanto daño te he causado en menos de un sexto de vida, no sé que tengo que te hace volver a mí sin importar cuanto tiempo pase. Eres terca. Complicada. Difícil. Y te amo. Te amo por ir contra mí veneno. Te amo, por ir contra la ventisca que ocasiono para alejar a todos los que están cerca de mí. Te amo, por estar ahí. Te amo, por no dejarme morir.



Fifth one.
Eres una refugio contra mi tormenta ¿Sabías?

C.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Número 4, Nia.

Sthefany Chavarriaga Silva (Stheff, Nia), luz de burla, fortaleza y razón. 


Sí, recuerdo el día que me la mostraste.

Esto va explícitamente escrito para vos, Stheff. Compañera. Aliada. Escucha. Oído. Nia. No te voy a contar historias, ni tampoco voy a contar nuestra historia. Es nuestro secreto, nuestro misterio; la complicidad. Nos conocimos hace ya tanto y, creo que estás de acuerdo conmigo en que tanto el uno cómo el otro fuimos, somos y seremos las personas menos esperadas en la vida del otro; no por algo en particular, simplemente, todo surgió tan de la nada en aquel entonces, llevábamos medio año de conocernos y de un segundo a otro, explotamos. Explotó. Estuviste conmigo cuando te necesite incontables noches y de noche en noche, la confianza fue surgiendo; los secretos, los temores, lo sueños, todo fue volviéndose una historia de en sueño. 

Me confiaste tus demonios, tus fantasmas, tus temores, tus pesadillas y yo, por más imposible que resultó al principio, busqué luchar contra ese infierno que cargas en los hombros. La lucha sigue siendo imposible al día de hoy, no puedo luchar contra ello, solo puedo protegerte de los daños y tomarlos por ti. Apartarte de ese infierno. Tratar de iluminarlo. A veces debo luchar ferozmente al igual que un espartano, pero al final, acabo pereciendo lleno de flechas por todo mi cuerpo; todo dejó de doler hace años, pues, por vos recibo y hago todos los daños que lleguen a ser necesarios. 

He muerto tanto en vida que ya la parca se canso de enviar a sus emisarios a buscarme, he llorado, he sufrido, he visto a los ojos del olvido, de la muerte, del engaño, de la falsedad, de la infidelidad. Me he visto tirado en el suelo, muerto y sin nadie a mi al rededor preocupándose por aquello. He sido verdugo y decapitado. He sido desamor. He engaño. He sido falta de remordimiento por todos los daños causados. He visto, sido, sentido y probado la muerte misma infinitamente decimales veces. He muerto, porque nunca te he escuchado. He caído, porque aún cuando eres mi voz de la razón, pretendo que no y me lanzó de lleno al vacío, aún cuando conozco y reconozco las verdades que hay detrás de esos ojos cansados de tanto llanto y batallas. Lo sé. Te he decepcionado al lastimarme tanto; porque lo he hecho de gusto propio. 

Sin vos, no seguiría. Me has salvado. Me has sacado del abismo. Has estado conmigo a capa y espada, aún cuando este Espartano ha fallado varias veces en protegerte de las llamas del Hades. Sé que no he sido el Superman que con mi camisa aparento ser, pero, por ti sería Aquaman si tuviera que rescatarte de las profundidades del vasto océano. 



Amigo o amiga, mi tiempo con vos ha sido de lo más preciado y valioso que estos cortos 17 años de vida han tenido el placer de volar. Sí, volar. Volar lejos del dolor y del pasado. De los sueños rotos. Del desarmor. 

Stheff, mí peliazul abusiva, terca y cansona, sin vos, no habría Arthur para contar ni escribir esta historia.


Número 2, Cam.

Maria Camila Mejia Perez (Cam), luz encendida durante un ocaso hace varios años. 

Creo que debería empezar disculpándome con vos, pues a pesar de la persona que sos nunca te había dedicado un espacio en el despojo, he escrito para Ava, para Nia, para el Arcoiris, pero nunca te había dedicado ni la más misera entrada. Lo siento.



Una sola canción que significa tanto para los dos. Amistad, distancia, tiempo, peleas, circunstancias, discusiones, rabia, odio, y, a pesar de todo eso y más, hemos seguido contra viento y marea juntos. Puedo decir, aquí, entre lágrimas sinsentido brotando de mis ojos, que eres, así sea parcialmente, mi vida. Sí, así mismo; en lo que forma mi todo, vos sos una parte de mi vida. Y, no sé que haría sin vos ahí. Quizás lo sé, quizás no. No quiero pensarlo. No quiero vivirlo. No quiero soñarlo. No voy a dejarlo. 

Las palabras trituran mi garganta en este momento. Todo lo que digo duele. Los recuerdos me están tomando. Lo siento. Lo siento. No quiero volver esto una disculpa, no lo volveré. Esto, está escrito por y para vos; Camila. 

Vos, llegaste a mí siendo la persona que nunca espere venir y, con el tiempo, te convertiste en la persona que más me alegra tener aquí. Las palabras nunca bastarían para agradecerte tanto. Me has mantenido con vida. Me has mantenido a flote. Entre peleas, insultos y rabias, nunca me has dejado de lado; aún cuando sé que no lo merezco. Nunca he sido bueno. Nunca lo seré. Pero tú has seguido conmigo sin importar cuan malo soy. Soy tóxico, Camila. Soy un daño humano. Lo sabes. Lo sé. Pero nunca me has dejado caer, aún cuando vos te derrumbes conmigo, siempre buscas que nos levantemos juntos y, siempre lo has logrado.

Los años han ido pasado y estos han cobrado, nos han cobrado, bastante. Sé que no somos lo que fuimos hace uno ni dos años. Sé que estamos lejos. Y eso, me duele. Sé que tienes nuevos caminos por recorrer, pero debes saber también que me da temor que esos caminos te lleven lejos de mí. Sé que estás bien, pero debes saber que yo no lo estoy ni estaré sin ti; puedo estarlo, pero no quiero. Sé que más años van a pasar y puede que estos nos separen, pero, en este momento, en este instante, quiero y te voy a capturar en mi memoria por siempre. Por lo que eres y serás, por siempre, en mi memoria. 





Oji-verde de mi vida. Te amo, más de lo que nadie nunca hará ni llegará a entender. 

sábado, 15 de noviembre de 2014

Una carta para cada Luz.

Medio año ha pasado ya. Muchos textos escritos, muchas palabras dichas, muchos misterios sin resolver. Hoy, he decidido que es hora de escribirle a mis luces; Encendidas o apagadas, lo que viene en los siguientes días, es para ustedes. Viejas luces de antaño, nuevas luces de paños.

Para ustedes será lo que vendrá en los siguientes días.


domingo, 9 de noviembre de 2014

N°50, Gloria Pasada.

Erase una vez, hace poco más de 890 noches, un joven llamado Arthur. 

Arthur danzaba disparejamente a medida que sus sueños decrecían y sus pesadillas crecían; los fantasmas bailaban cumbia a su alrededor y los temores, lo encerraban en una turbia zamba que se tornaba vil y más vil cada segundo que pasaba. Pintaba con colores los faroles que iluminaba la calle de sus recuerdos; tenía un don especial para las palabras, aunque la pintura nunca fue su fuerte. Ese don lo llevó a recorrer los lugares más recónditos del pensamiento, de la vida, de la muerte, del dolor, del color, de la calle, de la ciudad, de la montaña, de las lomas, de los rascacielos, de los subterráneos, del día, de la noche, de las personas, de los recuerdos, de la luz, de la oscuridad. 

Arthur, perspicaz y audaz, carecía de cautela a la hora de actuar. Esto le causo problemas, de dos a mil y de mil a dos mil quinientas veces, cada una más complicada y difícil que la anterior. Los problemas tomaron innumerables formas: demonios, golpes, tragos, humo, fantasmas, personas, sueños rotos. Los años pasaron y Arthur seguía actuando igual de impulsivo, y, absolutamente nadie sabía ni entendía porqué. La gente decía y susurraba cuestionandolo, pero lo que nadie sabía era el razonamiento al que lo habían llevado tantos sueños rotos; A medida que pasaban los años y crecían los daños, Arthur iba muriendo lentamente, su físico seguía intacto, pero su espíritu se iba desgastando progresivamente. Sufría de ataques de ansiedad, llegó incluso a estar al borde del abismo en una de su decaídas. Era joven en cuerpo, pero anciano en espíritu. 

No creía en nada, no sentía nada.

 Un día, hace incontables días y de día, Arthur conoció a la dama de la noche: Selene. Selene era distante, oscura, callada, pero su silencio no era como los demás que Arthur había conocido o visto antes, su silencio era poderoso, imponente, dominante. Selene estaba rodeada de fantasmas, pero Arthur, incauto como siempre, procedió y actuó sin pensar; cayó víctima de su encanto penumbral. Era un joven aventurero, perspicaz y audaz, pero el razonamiento lógico nunca había sido su fuerte; bien sabía que saldría lastimado, pues los fantasmas que Selene traía consigo, como buena dama de la noche, eran más fuertes, grandes y poderosos que los incontables que él traía en su bolsillo. 

Cayó, cayó. Cayó.
Cayó.

El tiempo pasó y Arthur llego a creer que como buen luchador abismal, había logrado erradicar aquellos fantasmas que tanto le pesaban a ella. El tiempo pasó y lo impensable, pasó; los fantasmas pudieron más y Arthur bien muerto en vida quedó. 

El joven empezó a divagar por lugares distantes, cambiándose el nombre a medida que pasaba el tiempo: Charles, C, solo fueron algunos de los alias que tomo para intentar dejar su pasado atrás. Pero, incauto como siempre, se olvidaba de que por más que cruce por innumerables esquinas para escapar del dolor, el dolor siempre lo iba a estar esperando en cada esquina. Arthur, Charles, C, como lo quieran llamar, había desaparecido; su cuerpo físico seguía con vida, pero lo que una vez fue, había desaparecido. 

Todo carecía de sentido para Arthur. Todo carecía de vida. 
Siguió caminando, entonando la tonada que un día había inventado; Sinsabor del Arcoiris.
Arthur, se había ido.

...

Esta es la historia de Arthur.
Esta, es mi historia.


martes, 4 de noviembre de 2014

N°74, Noches de protesta.

Nos encontrábamos ahí, una noche más bajo el fragor de las estrellas. La noche era estrellada; estrellada contra la realidad, contra la vida, contra los 69 placeres del hombre, contra los 890 días que acabaron faltando para cumplir la promesa y volver el sueño una parte de la realidad.

Gira. Gira. Gira.
Salta. Salta. Salta. Salta.
Grita. Grita. Grita. Grita. Grita.

Nos llamaban despojados, ilusos, soñadores rebeldes incluso. Llegaron a mirarnos con desprecio y repulsión; la voz máxima de la juventud en un solo punto, bailando y defendiendo la libertad en la que tanto creen, luchando contra la opresión, contra la ira, contra la ciudad, contra el sistema, contra el poder.
...



La veía ahí, de reojo, bailando; Debo decir, me deleitaba sin espasmos. Llevaba poco de conocerla, sí, no, de hecho, no la conocía, pero no podía dejar de mirarla. Ardía como una poderosa llama en cada movimiento, y, a pesar de eso, no me molestaba que mis ojos perecieran por estar tan cerca del fuego; ella era fuego y yo, la hoja que lentamente moría al tenerlo cerca.


Arde. Arde. Arde. Arde. Arde. Arde.

...

Llegaste a ser el fulgor de la noche.
Te fuiste y apagaste las estrellas.
Vivías y danzabas mejor que cualquier árabe.
Me deleitabas con sencillas miradas.
Me vivías, me morías, me sentías, me querías.

...


Eres virtud naciente bajo estelas de llamas y risas bien justificadas.
Eres juventud radiante.
Eres misterio paciente.
¿Eras o eres?


74 cuestiones, cada una más complicada que la anterior.
¿2776 canciones para matar la amargura?
O quizás 40414 pastillas para borrar su nombre de mi mente y mi corazón.

No, no; espera. Su nombre ya se había borrado hace tiempo de ahí.
Quizás a la primera no, ni a la segunda, pero cuando paso la tercera, la impotencia tomo las riendas. 
Impotencia que se convirtió en olvido y tristeza.
Tristeza que se re-hace gracias a una llama ardiente.
Llama ardiente que vuelve esa tristeza una risa consonante. 

...

Gira. Gira. Gira.
Giraba en círculos imperfectos con rabia, tristeza y dolor en el pecho y los ojos.
Lanzaba golpes al aire buscándolo a él.

Su esencia y existencia atormentaban mi cabeza. Descorazonaba mi mente. Descabezaba mi corazón.

Gritaba mi mente preguntado:
"¡¿Por qué?!"
Y como buen iluso, no sabía qué responder.

...

El despojo fue creciendo con los días, que se convirtieron en meses, que se convirtieron en años. Siguió creciendo y nadie podía evitarlo.

Porque todos somos, fuimos y seremos, despojos del pensamiento.